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Historia del proyecto

De una hoja de cálculo a una plataforma de auditoría biométrica

Cómo empezó todo

El primer prototipo nació en una mesa de riesgo de Buenos Aires, cuando dos analistas empezaron a registrar a mano los picos de pulso de sus compañeros durante las subastas de cierre. No había presupuesto ni laboratorio: solo una banda torácica, una planilla compartida y la sospecha de que los errores de tecleo no eran casualidad. Esa planilla terminó siendo el primer registro estructurado de fatiga operativa que usamos como referencia.

En 2021 el equipo se separó del bróker donde trabajaba para dedicarse a tiempo completo a la calibración de señales. La decisión fue incómoda: significaba renunciar a datos de producción reales y reconstruir la línea base con voluntarios. Durante ocho meses grabamos sesiones simuladas con operadores de tres husos horarios distintos, y aprendimos que un umbral único de variabilidad cardiaca no sirve ni siquiera dentro del mismo desk.

El giro importante llegó al integrar la latencia de decisión como variable de contexto. Ya no se trataba de detectar estrés en abstracto, sino de correlacionarlo con el momento exacto en que un operador introduce una cifra en el libro. Eso nos obligó a rediseñar la arquitectura de ingesta y a documentar cada versión del modelo, porque un regulador no acepta una alerta que no pueda reconstruirse meses después.

Hoy BioAudit trabaja con firmas europeas y latinoamericanas que necesitan trazabilidad sobre sus sistemas de vigilancia conductual. Mantenemos una política estricta de retención de datos biométricos y publicamos los cambios de umbral en un registro público de versiones. El equipo sigue siendo pequeño, y esa es una decisión deliberada: preferimos pocos clientes bien documentados antes que una plataforma que nadie pueda auditar.

Canales de soporte y tiempos de respuesta

Detrás de cada alerta de tensión psicofisiológica hay alguien que necesita una respuesta clara. El equipo de soporte de BioAudit trabaja en horario de mercado y fuera de él, con turnos solapados entre Buenos Aires y Europa para cubrir la apertura de Londres y el cierre de Nueva York. Si algo falla en la captura de señales o en la exportación de registros de auditoría, conviene escribir cuanto antes: cuanto más contexto haya en el primer mensaje, más rápido se puede acotar el problema.

Los mensajes recibidos en días hábiles antes de las 17:00 (hora de Buenos Aires) se responden el mismo día. Las incidencias críticas se atienden en un plazo máximo de dos horas desde su registro. Las consultas que llegan durante el fin de semana se procesan el lunes por la mañana, salvo que estén marcadas como urgentes.

Por qué un desk de riesgo confía en BioAudit y no en un panel de métricas más

La diferencia no está en cuántas señales capturamos, sino en qué hacemos con ellas cuando el operador lleva cuatro horas seguidas frente al libro. Aquí van los criterios que separan a BioAudit de las alternativas que ya se probaron y se abandonaron.

Lectura fisiológica, no vigilancia de productividad

Medimos variabilidad cardiaca, microtemblores y latencia de decisión para detectar picos de carga antes de que se conviertan en una orden mal tecleada. No puntuamos a nadie por rendimiento ni generamos rankings internos. El objetivo es acotar el momento de fatiga, no clasificar al operador.

Umbrales por persona, no una línea roja universal

Un operador con veinte años de mesa tolera una frecuencia cardiaca que a otro lo deja fuera de juego. Calibramos cada perfil durante dos semanas de actividad normal antes de activar alertas. Eso reduce falsos positivos y evita que el equipo aprenda a ignorar el sistema.

Trazabilidad lista para inspección

Cada alerta queda registrada con versión de modelo, umbral vigente y contexto de mercado. Si un supervisor pregunta por qué se avisó a las 14:37 de un martes, la respuesta se reconstruye sin depender de la memoria de nadie. Esa documentación es la que suele faltar en las herramientas genéricas.

Integración que no frena la ejecución

El sistema corre en paralelo al terminal de órdenes. No bloquea, no pide confirmaciones extra y no añade clics. La señal llega al supervisor de riesgo, que decide si interviene. Cualquier diseño que ralentice la ejecución se descarta en la fase de prueba, aunque sea técnicamente elegante.

Consentimiento y retención explícitos

Trabajamos con consentimiento firmado, plazos de retención definidos y acceso restringido por rol. Los datos biométricos no salen del entorno de la firma y no se usan para evaluaciones de desempeño. Esa frontera es la que permite que el equipo acepte el sistema en lugar de esquivarlo.

Equipo que viene de mesas reales

Quien ajusta los umbrales ha operado riesgo en condiciones de estrés. Esa experiencia pesa más que cualquier métrica de laboratorio a la hora de decidir qué señal merece una alerta. Puedes conocer al equipo detrás en la página del equipo y ver cómo trabajamos el contexto en nuestro análisis sobre sensores y latencia.

Por qué existe BioAudit

No somos una firma de software que descubrió el trading de paso. Nacimos dentro de mesas de riesgo, viendo cómo una cifra mal tecleada a las 16:40 podía deshacer semanas de cobertura. La pregunta que nos movió no fue técnica: ¿por qué seguimos midiendo el riesgo del mercado y no el de la persona que lo opera?

Desde entonces trabajamos con un principio incómodo pero honesto: la vigilancia biométrica solo se sostiene si el operador entiende qué se mide, para qué y hasta dónde. Todo lo demás es teatro de cumplimiento.

Medimos tensión, no rendimiento

Un pico de frecuencia cardiaca no significa que alguien trabaje mal. Significa que su cuerpo está respondiendo a carga. Nuestro trabajo es distinguir esa carga fisiológica de la fatiga acumulada, el ruido de la señal y la presión real de mercado, sin convertir la pantalla en un marcador de productividad.

Efecto para el cliente: alertas que se pueden discutir con el operador, no veredictos automáticos.
El operador conserva la última palabra

Ninguna alerta bloquea una orden por sí sola. El sistema señala ventanas de riesgo elevado y deja la decisión en manos del desk, con registro completo de quién vio qué y cuándo. Esa trazabilidad es la que después sostiene una auditoría interna o una inspección del regulador.

Efecto para el cliente: menos fricción operativa y un expediente defendible ante supervisión.
Calibramos por persona, no por plantilla

Cada operador tiene una línea base distinta. Un umbral fijo importado de otra firma suele generar falsos positivos en la primera semana y desconfianza en la segunda. Por eso el periodo de ajuste se hace con datos propios del desk, en condiciones reales y con el equipo informado del proceso.

Efecto para el cliente: adopción real en lugar de un piloto que nadie mira.
Documentamos antes de desplegar

Antes de instalar cualquier sensor revisamos qué exige el marco normativo aplicable, qué datos se retienen, durante cuánto tiempo y con qué base legal. Preferimos retrasar un despliegue una semana que improvisar un consentimiento que no resistiría una revisión.

Efecto para el cliente: menos riesgo legal y una conversación clara con recursos humanos y con compliance.
Publicamos lo que aprendemos

Parte de nuestro trabajo es editorial: análisis de incidentes públicos, comparativas de sensores, discusión abierta sobre límites del modelo. No todo lo que probamos funciona, y decirlo nos ahorra tiempo a nosotros y a quien nos lee.

Efecto para el cliente: criterio para elegir, no una lista de promesas.

Un equipo que viene de las mesas, no de los laboratorios

BioAudit nació de una discusión concreta: por qué los sistemas de control de riesgo seguían tratando al operador como una caja negra. Somos analistas de mercado, ingenieros de datos y especialistas en cumplimiento que decidieron medir lo que hasta ahora se intuía.

Trabajamos con desks de riesgo algorítmico en Buenos Aires y Madrid, sobre todo con firmas que ya tienen un historial de incidentes por error humano y necesitan trazabilidad real. No vendemos vigilancia: construimos registros que aguantan una inspección. Nuestra posición es incómoda a propósito. Un sistema biométrico que alerta sobre un operador toca datos sensibles, y eso obliga a documentar cada umbral, cada excepción y cada falso positivo. Preferimos perder un cliente antes que entregar un modelo que no podamos explicar seis meses después. El tono que usamos con las firmas es directo y sin promesas de precisión absoluta. La fisiología humana no se predice, se observa con contexto. Lo que sí podemos garantizar es que cada decisión del sistema queda registrada, versionada y disponible para auditoría.

De dónde venimos y cómo operamos

  • Origen en mesas de renta variable y derivados, con años de exposición directa a errores de tecleo
  • Equipo mixto: analistas de riesgo, ingeniería de señales y asesoría normativa europea
  • Método de trabajo por piloto cerrado, con revisión conjunta de umbrales antes de cualquier despliegue
  • Documentación en español e inglés desde el primer día, pensada para supervisores y comités internos
  • Contacto directo con el equipo técnico, sin capas intermedias de soporte
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