How It Starts

De la primera llamada al primer informe biométrico

Cada implementación sigue un orden fijo, aunque los tiempos varíen según el tamaño del desk. Estas son las etapas que ya hemos recorrido con equipos de riesgo en Buenos Aires, Madrid y Fráncfort, con lo que suele funcionar y con lo que conviene pactar por escrito antes de conectar cualquier sensor.

Semana 1: alcance y límites

Antes de tocar hardware definimos qué puestos entran en el piloto, cuántos operadores y qué señales se van a leer. La mayoría de las firmas empieza con dos mesas de renta fija y excluye a los traders que operan desde casa. En esta reunión también se acuerda qué datos no se recogerán nunca: conversaciones, pantallas o movimientos fuera del horario de mercado.

Semanas 2 y 3: calibración en silencio

Los sensores se instalan pero no emiten alertas. Durante quince días solo registramos línea base: pulso en reposo, variabilidad, latencia de tecleo y pausas naturales. Sirve para que cada operador tenga su propio umbral y para descartar falsos positivos por café, turnos nocturnos o reuniones largas. Sin esta fase, cualquier aviso posterior carece de valor.

Semana 4: primera revisión conjunta

Con los datos de calibración sobre la mesa, revisamos qué patrones aparecieron y cuáles no. Aquí suelen surgir ajustes: un operador con arritmia benigna necesita un modelo distinto, otro prefiere banda torácica en lugar de sensor de muñeca. Documentamos cada excepción porque un regulador pedirá esa trazabilidad si el sistema llega a producción.

Semanas 5 a 8: alertas en modo sombra

El sistema ya genera avisos, pero solo los ve el equipo de cumplimiento. No se interrumpe al operador ni se bloquea ninguna orden. El objetivo es medir la tasa de falsos positivos y compararla con los incidentes reales del periodo. Si el ruido supera el umbral pactado, volvemos a calibrar antes de dar el siguiente paso.

Semana 9: decisión de continuidad

Presentamos un informe con métricas, incidencias y coste operativo de mantener el sistema activo. La firma decide si amplía a más mesas, si lo deja en modo auditoría o si lo retira. No hay prórroga automática: cada renovación exige revisar umbrales y volver a firmar el consentimiento con los operadores implicados.

Qué no prometemos

Un sistema biométrico no evita un fat-finger por sí solo, y quien lo venda así está simplificando. Detecta estados de carga elevada, pero la decisión de intervenir sigue siendo humana. Tampoco sustituye los límites de tamaño de orden ni las confirmaciones redundantes: se suma a ellos. Si la firma busca una barrera automática, este no es el producto.

Aclaraciones antes de empezar

Antes de que un desk de riesgo conecte cualquier señal biométrica, conviene fijar qué se mide, qué no, y quién responde cuando el sistema se equivoca. Estas son las precisiones que pedimos por escrito en cada implantación.

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